Después de 400 años de esclavitud, los israelitas fueron conducidos a la libertad por Moisés, quien, de acuerdo a la narración bíblica, fue elegido por Dios para sacar a su pueblo de Egipto y retornarlo a la Tierra de Israel prometida a sus antepasados (circa siglos XIII-XII A.C.). Durante 40 años deambularon por el desierto de Sinaí, donde se forjaron como nación y recibieron la Torá (Pentateuco), que incluyó los Diez Mandamientos y dio forma y contenido a su fe monoteísta. El éxodo de Egipto (circa 1300 A.C.) dejó una marca imborrable en la memoria nacional del pueblo judío y pasó a ser el símbolo de la libertad y la redención. Año a año los judíos celebran Pésaj (Pascua), Shavuot (Pentecostés) y Sucot (la Fiesta de los Tabernáculos), para conmemorar los eventos ocurridos en ese tiempo.
Durante los siguientes dos siglos, los israelitas conquistaron gran parte de la Tierra y abandonaron sus costumbres nómades transformándose en campesinos y artesanos; se logró un cierto nivel de consolidación social y económica. Períodos de relativa paz fueron interrumpidos por tiempos de guerra en los que el pueblo se agrupó tras líderes conocidos como “jueces”, elegidos por sus capacidades políticas y militares, así como por su habilidad de liderazgo.
La debilidad inherente de su organización tribal frente a la amenaza planteada por los filisteos (un pueblo marítimo de Asia Menor que se estableció en la costa mediterránea del país) generó la necesidad de un gobernante que pudiera unir a las tribus y convirtiera su posición en una institución permanente, cuya autoridad se sucediera por herencia.

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MOISÉS Y EL PACTO DEL SINAI

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